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Orientación

-ORIENTACIÓN SUBMARINA-

-ORIENTACIÓN SUBMARINA-

La orientación bajo la mar es bastante más complicada de lo que a primera vista cabe imaginar. Cualquier buzo experimentado y sincero confesará que se ha despistado en no pocas ocasiones. El manejo de la brújula no es sencillo y su funcionamiento está sujeto a alteraciones, tanto magnéticas como debidas a la derivación por corrientes. Nuestro rumbo, además, no es recto, por efecto de las propias corrientes y por la diferencia de potencia de nuestras piernas en las aletadas. Y, por si fuera poco, la visibilidad del agua nos limita seriamente. Otros procedimientos, como el localizador o el carrete-guía, tienen también sus limitaciones.

-Algunas normas de orientación-

Un razonable inicio para la orientación con la brújula será que el buzo comience por seguir un trayecto rectilíneo y, para regresar al punto de origen, haga una rotación de 180 grados. Y una vez comprobado que así se llega efectivamente al punto de partida, marque este rumbo con referencia al barco, evitando así cálculos bajo el agua.

Descendiendo del barco, al llegar al ancla, conviene observar la profundidad y los objetos reconocibles más alejados que estén en nuestro rumbo, no volviendo a mirar la brújula hasta llegar a ellos.

Llegados a aquellos puntos de referencia, será preciso repetir la operación una y otra vez.

Cuanta más claridad tenga el agua, más fácil nos será tomar los puntos de referencia.

Cuando buceamos entre dos aguas nos veremos obligados a mantener todo el tiempo el rumbo sobre la brújula, observando la variación de profundidad, toda vez que la misma puede sufrir alteraciones magnéticas, por hierros de barcos o incluso por causa del material metálico de nuestro propio equipo.

Navegaremos llevando extendido el brazo el otro brazo se asirá al estirado con el que sujetamos la brújula, procurando que su aguja se nueva libremente y que esté en posición horizontal.

Puede ser recomendable hacer ejercicios fuera del agua, de modo que, una vez dominemos el cálculo de rumbos en línea recta, podamos empezar a trazar rumbos en figuras geométricas: triángulos, cuadrados, etc.

Los rayos del sol también nos pueden servir de ayuda: al alejarnos del ancla dejamos el sol a nuestra espalda, como es lógico, al regresar, lo tendremos de cara.

-Buceo en paredes-

Acaso el buceo en paredes sea el sistema más sencillo, por cuanto, para regresar al punto de partida, sólo hace falta invertir la dirección: si la pared estaba a nuestra izquierda, al regreso estará a nuestra derecha.

La certeza de dónde se encontrará el barco puede asimismo alcanzarse colocando en la pared un mojoncito de piedras apiladas que nos indiquen el punto de situación del fondeo, si bien debamos siempre tener la precaución de recordar la profundidad a que se encuentre el ancla.

-Atención y referencias-

No obstante, en todo buceo deberemos siempre recordar las peculiaridades de la ruta de ida, prestando mucha atención a los objetos que podamos tener a la vista, como puede ser un neumático, un ancla, etc., y volviendo de vez en cuando la vista atrás, para recordar el aspecto del que sería nuestro camino de vuelta.

Podremos saber cuál es la dirección de las corrientes al observar la dirección de las algas o, más fácil aún, recogiendo algo de arena del fondo para luego soltarla a una distancia del mismo, comprobando así hacia dónde se desplazan los granos que caigan.

Habiendo corriente, preferiremos iniciar nuestro itinerario en la dirección contraria a la misma, para que así nuestro regreso sea más fácil.

Aunque las ondas que frecuentemente aparecen en el terreno arenoso submarino son en ocasiones paralelas a las playa, no es seguro tenerlas en consideración, en cuanto que las mismas a veces se disponen caprichosamente, dependiendo de las corrientes y de la orografía de la costa. En todo caso, mejor resulta esta referencia que la que ofrecen los fondos uniformes de algas y posidonias.

Para identificar el fondeo, puede ser muy útil colocar un globo o una bandera de plástico bien visible, a unos 8 metros del fondo. Ello nos permitirá visualizarla aunque nos encontremos al otro lado de crestas rocosas. Y es que siempre nos resultará más sencillo localizar esa señal que descubrir el delgado cabo de fondeo.

Con independencia de lo que, en su caso, puedan imponer las corrientes, para computar tiempos y distancias, ha de prestarse atención al reloj, de tal forma que no calculemos nunca un tiempo de regreso inferior al que hayamos empleado en el trayecto de ida.

Eventualmente, se puede medir la distancia por nuestros golpes de aleta, que antes deberemos haber medido, computando qué número de ellas empleamos para recorrer, por ejemplo, 100 metros. Se trata de un método puramente aproximativo, puesto que las corrientes y alteraciones de cada inmersión influirán decisivamente en aquel número.

-El carrete-guía-

Lo que nunca falla es el carrete guía, pero hay que tener mucho cuidado con los enredos que con él puedan producirse, y es que ya se sabe el corolario de la Ley de Murphy relativo a la inmersión: bajo el agua, todo lo que se pueda enredar, efectivamente se enreda.

El carrete debe estar bien confeccionado, con un canal de paso de cuerda hacia la bobina que distribuya la cuerda homogéneamente sobre el eje de ésta.

Es importante que la cuerda no se pueda salir de la bobina y meterse entre la brida de sujeción, pues en tal caso el carrete se atascaría y dejaría de funcionar.

Siempre debemos tener el cabo tenso y rebobinarlo con mucho cuidado.

Para evitar problemas, los cabos que usemos llevarán en su extremo un mosquetón, de los que se usan para los perros, nunca de los que se emplean en escalada, ya que en algún giro se podría soltar.

La sujeción del cabo se hará a no menos de 5 metros del ancla en el cabo o al final de la cadena nunca el en el ancla que esté fondeado el barco, puesto que si lo sujetáramos al ancla, podríamos arrancar inadvertidamente el fondeo, con lo que el barco -y nosotros mismos- quedaríamos a merced del viento.

En lo que hace a magnitudes, parece aconsejable que, en general, se use un hilo flotante de entre 4 y 5 mm. de diámetro y un centenar de metros de largo. Ahora bien, si se tratara de bucear en lugares en donde haya aristas que puedan romper el cabo, en pecios, o bajo el hielo, se impone el uso de un grosor de entre 6 y 10 mm.

-Los localizadores-

Los localizadores pueden ser bien ópticos, bien electrónicos.

Los ópticos son poco más que un simple estorbo; una luz química sobre el fondeo en la noche podría indicarnos, si es que la vemos, dónde esté el barco; pero ello requerirá que no nos alejemos del perímetro en que la luz pueda verse.

Los localizadores electrónicos son aparatos de dos componentes, uno de los cuáles se coloca en el fondeo, emitiendo una señal acústica que recibiremos en el otro: un receptor de la señal que la emitirá más o menos intensamente según nos encontremos mas cerca o más lejos del emisor.